Día de las letras gallegas

El 17 de mayo de 1863 se publicó, por primera vez, en Vigo Cantares gallegos de Rosalía de Castro. Lejos estaba esta mujer de saber que su obra marcaría un antes y un después en la literatura gallega, revindicando su lugar en la cultura peninsular. Por eso, 100 años después fue instituido el Día de las letras gallegas.

Y así seguimos los gallegos (sí, no te hace falta haber nacido en Galicia para sentirte así… Se lleva en la sangre), celebrando cada 17 de mayo este día… Y yo, para no faltar a la cita, y sin pretender ser original, porque a veces no hace falta, os traigo dos cositas.

La primera un poema de Rosalia (ya os dije que no iba a ser original, pero es que me encanta):

A ORILLAS DEL SAR

A través del follaje perenne
que oír deja rumores extraños,
y entre un mar de ondulante verdura,
amorosa mansión de los pájaros,
desde mis ventanas veo
el templo que quise tanto.

El templo que tanto quise…,
pues no sé decir ya si le quiero,
que en el rudo vaivén que sin tregua
se agitan mis pensamientos,
dudo si el rencor adusto
vive unido al amor en mi pecho.

¿Y cuál es la segunda? Fácil. Os animo a adquirir mi novela Soño de Cristal. No solo porque tenemos que leer literatura en gallego si no porque es un libro solidario. El 50% de los beneficios va para la asociación Ve la Luz que lucha contra la violencia de género. Ayúdanos a luchar contra esta lacra. Solo haz click aquí y sigamos disfrutando de la literatura. Gracias.

Aprendiendo de los grandes: Galeano

Hace ya diez años (¡cómo pasa el tiempo!) fui voluntaria en una ONG, estuve seis meses en Mozambique formando profesores. Fue una experiencia que me marcó y que aún sigue muy presente en cada paso que doy. Antes de ir a Mozambique, como es lógico, estuve formándome y participé en un encuentro de voluntarios de diversos países. Entre las actividades previstas, teníamos que hacer una pequeña “actuación”. Nosotros usamos el texto a continuación y lo representamos mientras proyectamos imágenes. El texto, de Eduardo Galeano, es increíble… Como lo es él. Una verdadera inspiración. Espero que os guste. 

Bicos, sed felices.

Tenían las manos atadas, o esposadas, y sin embargo los dedos danzaban, volaban, dibujaban palabras. Los presos estaban encapuchados; pero inclinándose alcanzaban a ver algo, alguito, por abajo. Aunque hablar estaba prohibido, ellos conversaban con las manos.

Pinio Ungerfeld me enseñó el alfabeto de los dedos, que en prisión aprendió sin profesor:

—Algunos teníamos mala letra—me dijo—. Otros eran unos artistas de la caligrafía.

La dictadura uruguaya quería que cada uno fuera nada más que uno, que cada uno fuera nadie: en cárceles y cuarteles, y en todo el país, la comunicación era delito.

Algunos presos pasaron más de diez años enterrados en solitarios calabozos del tamaño de un ataúd, sin escuchar más voces que el estrépito de las rejas o los pasos de las botas por los corredores. Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof, condenados a esa soledad, se salvaron porque pudieron hablarse, con golpecitos, a través de la pared. Así se contaban sueños y recuerdos, amores y desamores; discutían, se abrazaban, se peleaban; compartían certezas y bellezas y también compartían dudas y culpas y preguntas de esas que no tienen respuesta.

Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.

CELEBRACIÓN DE LA VOZ HUMANA

Aprendiendo de los grandes: Darío Fo.

Hoy tenía pensado escribir otra entrada, una en la que os hablara un poco más de mi experiencia en la autopublicación y comentaros que ya tengo fecha para la presentación en Madrid de Sueño de Cristal (click aquí). Pero la actualidad nos deja una noticia triste como es la muerte de Darío Fo. Darío Fo es un personaje al que yo tengo especial cariño por un motivo muy especial. Hace unos años colaboraba en un grupo de teatro (yo, no él ;P ) que dirigía mi hermana e hicimos una especie de Cabaret mezclando textos de Neruda, de Darío Fo y míos… Para mí era todo un honor y no voy a negaros que quedó realmente espectacular.

El texto elegido de Darío Fo fue “todas tenemos la misma historia” y aquí os pongo un trozo del que usamos… Realmente espectacular. Sentaros y disfrutad.  

(En el centro del escenario vacio, una tarima sobre la que está tumbada una mujer. Luz baja. Habla la mujer.) No, no, por favor..,, por favor, estáte quieto…, así no me dejas ni respirar… Espera… Claro que me gusta hacer el amor, pero con un poco más de…, ¿cómo diría yo?… ¡Que me estás aplastando! Quítate…, ¡basta! Me estás mojando la cara… ¡No, en la oreja no! Sí que me gusta, pero es que pareces una Moulinex, con esa lengua… Oye, ¿pero cuántas manos tienes? Déjame respirar… ¡Que te levantes te digo! (Se incorpora lentamente, como quitándose de encima el peso del cuerpo del hombre. Se sienta frente al público.) ¡Por fin! Estoy empapada en sudor. ¿Para ti esto es hacer el amor? Sí, claro que me gusta, pero preferiría que hubiera algo más de sentimiento… ¡No estoy hablando de sentimentalismo! Cómo no, ya sabía que me saldrías con lo de que soy una cursi romántica y antigua… Claro que me apetece hacer el amor, pero a ver si entiendes que no soy una de esas maquinitas que les metes unos duros y se les encienden las luces, tun tun trin toc toc… ¡drin! Mira, yo, si no se me trata bien, me bloqueo, ¿comprendes? ¿Seta posible que si una no se coloca de inmediato en una postura cómoda, falda y bragas fuera, piernas abiertas y bien estiradas, se vuelve una estúpida acomplejada, con los traumas del honor y del pudor, inculcados por una educación reaccionaria-imperialista-capitalista-masónica-católica-conformista y austrohúngara? ¿Que soy pedante? Y una tía pedante os pone muy nerviosos, ¿verdad? Es mejor la mema de risita erótica… 1 (Ríe por lo bajo, en plan erótico-tirado.) ¡Venga, hombre, no te cabrees! No, no estoy ofendida. Está bien, hagamos el amor… (Vuelve a tumbarse de perfil al público.) Y pensar que cuando quieres sabes ser tan dulce…, ¡casi humano! ¡Y un auténtico compañero! (Lánguida, con voz soñadora.) Contigo puedo hablar de cosas que normalmente no sé ni decir… Cosas incluso inteligentes…, eso es, ¡tú consigues que me sienta inteligente! Contigo me realizo… Y además, tú no vienes conmigo sólo porque te gusta cómo hago el amor…, y además, después te quedas conmigo, y yo hablo, y tú me escuchas… (más y más lánguida) …y yo te escucho.., hablas, hablas, y yo… (Se comprende que está a punto de tener un orgasmo por el tono de voz.) …y yo… (Cambia de tono: de pronto, realista y aterrada.) Por favor, para… ¡que me quedo embarazada! (Implorante.) …para un momento… (Perentoria.) ¡¡¡QUIETO!!! (El hombre por fin se ha parado.) Tengo que decirte algo importante. No me he tomado la píldora… No, es que ya no la tomo, porque me sienta mal, se me ponen unas tetas como la cúpula de San Pedro… Está bien, sigamos, pero por favor ten cuidado… No olvides lo que ocurrió aquella vez…, ¡cómo lo pasé de mal! (Cambia de tono.) Sí, ya sé que tú también lo pasaste fatal, pero yo más, si no te importa. Sigamos, pero tú ten cuidado… (Vuelven a hacer el amor. Se queda unos segundos inmóvil, en silencio con los ojos abiertos, luego empieza a mover nerviosa un pie en el suelo. Mira a su compañero imaginario y le susurra con voz llena de aprensión.) ¡Ten cuidado! (Con otro tono.) ¡¡¡Que tengas cuidado!!! (Molesta.) ¡Que no, que no puedo! Esto del embarazo me ha helado la sangre en las venas… ¿El diafragma? Sí, lo uso, pero tú no me habías dicho que hoy…, además, esa goma en la tripa no me gusta nada, me da mucha grima…, me parece como si tuviera chicle en el vientre. 2 (El hombre se separa. Ella se sienta, dolida, frente al público.) ¿Te has cortado? ¡Pues lo siento mucho! Tiene gracia, yo no quiero quedarme embarazada y él se corta. (Con rabia.) ¿Y tú eres un compañero? ¡Por favor! ¿Sabes qué clase de compañero eres? Un compañero de la polla. Oh, yes. Porque razonas con ella. Ella es tu compañero. Es ella la que sigue siendo católicaimperialista-plutócrata-masónica-reprirnida. Mírala bien, y verás como lleva en la cabeza el birrete de cardenal. ¡Con grados de general y un hermoso lazo fascista! ¡Sí, señor, fascista! (Indignada.) ¡Grosero! (Está a punto de llorar.) No has debido decirme eso… (Llora.) Mira que decirme que pienso con el útero… Claro que lloro, porque me has ofendido… (Se echa, como si el hombre la hubiese empujado con fuerza.) ¿Pero esto qué es, yo lloro y tú te excitas? Sí…, sí… (Llena de amor.) Yo también .te quiero. Ya sé que tú no tienes la culpa… La culpa es de la sociedad, del egoísmo, de la explotación, del imperialismo… (cada vez más lánguida) …de las multinacionales… (Cambia de tono.) Pero… ¡qué haces! ¡¡¡Para…, para!!! (Se deja caer como sin vida, sin tono, con voz plana.) No te has parado. (Desesperada.) ¡Estoy embarazada! (Aparta al hombre.) Estoy embarazada… (Gritando.) ¡¡¡Estoy embarazada!!! (Cambio de luz: de muy apagada a violenta. La mujer se sienta en el borde opuesto al del hombre antes. Ahora se encuentra en una consulta médica. Habla con una comadrona.) Si, señora, estoy embarazada… de casi tres meses…, sí, señora, ya me he hecho los análisis… Sí, señora, ya me tumbo… (Lo hace.) Por favor, tenga cuidado. Sí, ya sé que no duele, que sólo es una visita de exploración, pero es que estoy un poco nerviosa…, ya sabe, aquí no estamos muy preparadas… Pues sí, ya he tenido un aborto, hace tiempo. Sin anestesia, ni parcial ni total, despierta…, fue horrible. ¡Qué dolor! Pero lo peor de todo fue cómo me trataban…, 3 ¡como a una puta! Y ni siquiera podía gritar de dolor. «Calla —me decían—, ¡has pecado, ahora paga!» (Cambia de tono.) Y vaya si pagué… (Indica con los dedos que también con dinero.) Ahora este aborto (se sienta) quiero hacerlo como es debido. No quiero sufrir, anestesia total. ¡Quiero dormir! No quiero sentir lo más mínimo…, no quiero saber nada…, ni siquiera el día en que me lo harán… Ustedes me duermen una semana antes, y luego con calma, cuando les venga bien… (Cambia de tono.) ¿Un millón? ¿Un millón de liras? Han subido los precios, ¿no? Sí, ya me doy cuenta, el anestesista, el riesgo… (Cambia de tono.) ¿Un millón? ¡Ya sé, señora, que está la Ley! Por eso vengo. Ni le cuento las vueltas que he tenido que dar para encontrar a un médico que me hiciera el certificado de aborto, un hospital que me metiera en la lista… Por fin me mandan llamar, entro: ¡todos ellos objetaban! Tan sólo un médico practicaba abortos, y estaba agotado, el pobre…, todos los demás objetaban… Objetaban las enfermeras, los analistas, el cocinero…, ¡ése el que más! Que de no ser por las mujeres que habían ocupado la planta, nos hubiéramos muerto de hambre… Luego vino la policía, agarró a las chicas, las sacó de allí… Yo me asusté, y me dije: «Con esta Ley, mi hijo acabará naciendo con veinticuatro años y el servicio militar cumplido, ya en la lista de parados, y preparado para emigrar a Alemania! Me lo voy a hacer clandestino…» (Cambia de tono.) ¡Un millón! ¿Ahora comprendo por qué los ginecó- logos objetan…, ni que fueran tontos! A millón por objeción… ¡y se hacen millonarios con nuestra piel! (Se levanta, decidida.) No, señora, he pensado que no me lo voy a hacer. No, no es por el dinero, que me lo podrían prestar… Es que no pienso aceptar el chantaje. Hay una Ley, ¡pues respétenla ustedes! (Cambia de tono: reflexiva.) Me lo quedo…, me lo quedo… (En parte para sus adentros y en parte para la comadrona.) Al fin y al cabo, un hijo nunca viene mal. (Decidida, por fin.) Me realizo…, ¡eso es, me realizo! (Grita.) ¡Me realizo! 4 (Se sube a la tarima, de espaldas al público.) ¡¡¡Maternidad, maternidad!!! Tercer mes, cuarto mes, quinto mes. (Se vuelve al público.) El pecho crece, el vientre crece… ¡Adelante con los ejercicios de gimnasia preparatoria para una buena gestación! ¡Un, dos, tres, cuatro! Respiración de perro (la hace), aha, aha, aha…, más fuerte. (Respira más de prisa.) Me mareo… (Se desmaya unos segundos.) Qué náuseas, Dios mío… ¡Oohh, se mueve! (Se sienta cara al público.) ¡El niño se mueve! Es como… un aleteo. (Extasiada.) Qué cosa tan dulce… (Cambia de tono.) Un helado…, quiero un helado… ¡con espaguettis y chorizo! (Tono profesional de una comadrona que le habla.) Grito agudo con el abdomen: aah. Más profundo: aah. (Se queda quieta. Lentamente se tumba en el centro de la tarima. Con la cabeza vuelta hacia el público.) Ya está, ya estamos… Sí, señora, me echo… Sí, señora, estoy tranquila… Sí, señora, respiración de perro…, ah, ah… Sí, ya empujo…, ay Dios, qué mala estoy…, ay, ay… (Grita de dolor.) No puedo más, hagan algo…, ay, ay… ¿Dónde está él? ¿Fuera? ¿Y qué hace? (Cambia de tono.) ¡Fuma, porque está nervioso! (Se sienta, volviéndose hacia el público.) Pobre, está nervioso…, está tenso. ¿Y no podía haber estado un poco más tenso antes, cuando me dejó embarazada? (Se dirige directamente a las mujeres entre el público.) No sé qué pensaréis vosotras, pero a mí eso del embarazo de la mujer «siempre», y del hombre «nunca», me sienta fatal. ¡No puedo con ello, lo contesto! Lo tengo clavado en la cabeza: hasta sueño con ello por las noches. He soñado que mi hombre tenía tetas, unas tetas hermosas, grandes, redondas. Yo quería palpárselas un poco, y él: «¡Déjame!», y me explicó que era un hembro, un hombre-hembro, que es una raza especial de hombres…, que si tienen relaciones sexuales con una mujer sin haber tomado anticonceptivos, se quedan embarazados. 5 (Se vuelve a la derecha como dirigiéndose a su compañero. Mima que le toca el pecho.) ¡Pot, pot! Qué guapo eres…, anda, échate… (Se tumba como si estuviera encima del hombre.) Anda, desnúdate que tengo que hablar contigo. ¿Qué te ocurre? Estás nervioso, tenso… ¿Has tomado la pildora? ¿No? ¡No importa! Yo te quiero igual, cielo. Pero no te preocupes, que ya tendré yo cuidado…, no importa que no te hayas tomado la píldora. Si te quedas embarazado, yo te organizo el aborto, clandestino, pero con anestesia total, y corro con todos los gastos. (Apremiante.) Anda, vamos a hacer el amor, venga, no importa si te quedas preñado: ¡el hombre se realiza sólo si es madre! (Grita.) ¡Madre! ¡Madreee! (Cambia de postura y se tumba.) ¡Ha nacido! ¡Ha nacido! (Se sienta mirando hacia la izquierda. Esperanzada.) ¿Es niño? (Decepcionada.) ¿No?… (Aterrada.) ¿Pues qué es? (Mima lo que va diciendo. Ahora es la comadrona.) Plaf plaf, azotitos al niño. ¡Llora! ¡Ua ua! Corte del cordón umbilical: ¡chas! ¡Nudo! ¡Inmersión en agua calentita: plaf plaf…! Fría: ¡plaf plaf! Pesar: cuatro kilos escasos.

Aprendiendo de los grandes: Pedro Salinas

Hay poemas que significan mucho en mi vida… Y en “La voz a ti debida” encontramos uno de mis favoritos… ¡Qué poco se necesita cuando realmente amas!

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

Pedro Salinas

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Contra Jaime Gil de Biedma

En un principio quería inaugurar esta nueva sección con algún poema de Benedetti o algún articulo de Eduardo Galeano, o algún trozo de García Márquez que son algunos de mis escritores favoritos. Pero hace poco tuve un pequeño debate (y llamarlo así es un piropo para mi “Contrario”) en el que me decían que un escritor de verdad tenía que ser elegante y fino, que nunca podía decir palabrotas, ni utilizar expresiones comunes… Y yo creo que la literatura (al menos la que yo hago, tomándome el valor de llamar a mis libros así)tiene que reflejar una realidad, tiene que hacer que la gente se sienta identificada… Y cuando la gente me dice que un verdadero autor no utiliza ciertas palabras… Siempre me acuerdo de este autor. Os pongo uno de mis poemas favoritos (y os aseguro que en este es delicado… Si os gusta ya os diré otros).

besos, disfrutad. Sed felices

    CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colemena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco…
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!