Londres

Artículo que publiqué originalmente en octubre del 2015. Espero que os guste. 

Es habitual, en esto tiempos que corren, que cuando alguien vuelve de un viaje, escriba en su blog un resumen de sus vacaciones. Un grito al mundo para explicar lo bien que se lo había pasado. ¿Quizás dar algo de envidia? No, eso soy yo que soy una malpensada.

Acabo de volver de Londres y he de reconocer que me ha encantado, ha sido una semana increíble. Pero la red ya está llena de artículos diciendo qué hay que ver y ensalzando las maravillas de esta magnífica ciudad. Yo no voy a hacer eso. No. Yo voy a enumerar las cosas que NO me han gustado. Así. Por llevar la contraria.

Primero: Estamos demasiado malacostumbrados a los hoteles en España. La relación calidad-precio de la que disfrutamos aquí se pierde en cuanto cruzamos la frontera. Yo sólo tenía un requisito; bueno, dos. Que estuviera limpio y que tuviera baño privado (no tengo yo edad para estar compartiendo baño con desconocidos y haciendo cola para la ducha). Y esos dos requisitos los cumplía. La wifi gratuita era un chiste. Al estar en la tercera planta (sin ascensor, genial el primer día con la maleta) la señal llegaba cuando le daba la real gana y de esa manera. E intenta no coincidir con otros clientes a la hora de la ducha que la presión del agua se quedaba en un hilito (o se gastaba el agua caliente). Lo dicho, conozco hostales de Madrid mejores y más baratos.

Segundo: El transporte. Lo primero el precio. Demasiado caro en comparación. Si te mueves por la zona A, bien; pero es tan pequeña que en seguida te sales y ahí llega el “hostiazo” a la Oyster (tarjeta transporte). Segundo, las líneas. ¡Qué manía con que se bifurquen! En serio, con lo fácil que es el metro de Madrid o de Barcelona… El día que llegamos había parte de la línea cerrada pero nada, ahí nadie informaba. Tuvimos que preguntar a tres personas diferentes para que nos informaran de cómo narices llegábamos a nuestra parada (una incluso nos dijo que no había forma). Por no comentar que el autobusero se confundió de camino. Me llamó muchísimo la atención que la gente esperaba al último instante para levantarse del asiento y salir en su parada, por lo que el “dejen salir antes de entrar” resulta muchas veces imposible. Y supongo que la falta de escaleras mecánicas es para compensar la grasa que se meten en los desayunos.

Tercero: El aeropuerto. Nada más llegar todo el mundo, da igual la nacionalidad que tengas, si perteneces o no a la UE, a pesar por el control de pasaportes (El DNI en nuestro caso) con las respectivas y largas colas. Estupenda manera de empezar un viaje. La vuelta… Otra maravillosa odisea llena de colas. Porque el histerismo lo domina. Soy la primera en estar a favor de los controles de seguridad pero el grado de alerta que hay ahí me parece excesivo. Y luego todos amontonados entre las tiendas a la espera de que pongan la puerta de embarque, que no se dignan en informar hasta 45 minutos antes del viaje. Todo para que compres.

Cuarto: La comida. ¿Alguien puede ir y enseñarles a hacer un buen café? Normal que estén siempre con uno en las manos, para ver si al décimo café al día les hace algo de efecto. El “fish and chips” es lo más soso que he comido en la vida y no exagero. Menos mal que Londres es la ciudad más cosmopolita que conozco y por todas partes hay puestos y restaurantes de comida de todas partes del mundo. De la cerveza caliente prefiero ni hablar.

Quinto: Nos han vendido la moto con la puntualidad británica y su educación… Es la mejor campaña de marketing que he visto. Puntualidad para cerrar, eso sí. Para empezar o abrir ya es otra historia. Y sí te puedes encontrar a gente de todo tipo… Pero comprendo porque hay tanta gente que se dedica a intentar que los parques, el metro o el propio río estén limpios. Un ejemplo: un día, a la entrada de una estación de metro estaban repartiendo latas pequeñas de coca-cola. La gente no tenía mejor sitio que dejarlas en los huecos de la escalera una vez que se la terminaban de beber. Y os aseguro que en la papelera entraban, que yo la eché ahí.

Espero no haberos echado para atrás si teníais planeado ir a Londres. Es una ciudad que merece mucho la pena pero, como todo en este mundo, tiene defectos. Estos son unos cuantos, ¿Virtudes? Esas las podéis ver en cualquier otro blog (o si tenéis dudas, podéis ver las fotos que he ido subiendo a Twitter).

Estos son las cinco cosas que no me han gustado de Londres; si escribiera las que sí, no acababa hoy.

Besos. Sed felices.  

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