Miradas perdidas: comienzo

Hola a todos,

¿cómo se presenta el finde? el mio con muchos nervios… Porque sí, ya llega. Tantos meses de trabajo, tantas ilusiones puestas, tantos momentos de bloqueo, tantas veces de ponerse de nuevo en pie… por fin llega el momento cumbre… Que no el final. Todo lo contrario. Ahora llega el momento de la publicidad, el marketing… Esas cosas que sabéis que me “encantan” (matadme, por piedad). Pero bueno… como sé que me queréis (un poquito aunque sea) estoy segura de que me ayudaréis a llegar a más gente (recordad que hay un concurso en juego 😉 ).

Y para que abráis boca, para que estas 48 horas (algo menos) se os haga menos duras (tengo que fanfarronear un poco, perdonadme… 😛 ), os voy a dejar cómo comienza Miradas Perdidas. Espero que os guste. bicos, sed felices.

 

CAPÍTULO 1: LAS NOTAS…

Llovía. Diluviaba de una manera casi apocalíptica. Normalmente le gustaba la lluvia pero precisamente ese día no estaba de humor. Había tenido que llevar el coche al taller. Sintió un escalofrío recorriéndole el cuerpo al recordarlo. Si solo hubiera sido el cristal y los faros rotos se hubiera cabreado, y ya está. Pero esa maldita nota insertada en el parabrisas la hizo estremecer. Había sido lo primero que le había llamado la atención al ver su coche aparcado en el parking. El brazo del limpia estaba roto, apuntando al cielo, con la nota clavada como si la estuvieran apuñalando.

La editorial le había ofrecido un coche mientras el suyo estaba en el taller. Nadie se explicaba cómo era posible que alguien entrara en el garaje de las oficinas durante la mañana y, a plena luz del día, hubiera hecho todo eso sin que el guardia lo viera.

Les había dicho que no hacía falta. Y ahora se regañaba a sí misma. Ella y su maldita autosuficiencia. Aunque no era solo eso. No podía quitarse la idea de la cabeza de cómo habría entrado esa persona al parking privado de la empresa. Tenía que ser alguien de dentro. Prefería moverse en taxi o en transporte público.

Se sonrió a sí misma. Se puso la capucha y salió del edificio con paso decidido. No iba a dejarse llevar por el miedo. Se negaba en redondo. Atravesó la plaza y se dirigió a la calle principal. Se volvió para mirar hacia el alto edificio que rasgaba el cielo de Madrid. Varias ventanas estaban iluminadas. Un escalofrío le erizó los pelos de la nuca. Otra vez esa maldita sensación de que alguien la observaba. Por mucho que aquel policía le hubiese quitado importancia diciéndole que había sido un simple acto de vandalismo… Ni siquiera había cambiado de opinión cuando le había dicho lo de los mails y mostrado la nota.

Un rayo iluminó el cielo. La tormenta iba enfureciéndose por segundos. Decidido. Cogería un taxi. Si no, llegaría aún más empapada a casa y ya lo estaba bastante. Además, necesitaba llegar pronto, darse una ducha, ponerse algo calentito, hacerse algo rápido para cenar, tirarse en el sofá, bajo la manta y ver algo lígero en la televisión.

No tardó mucho en parar un taxi. Y antes de lo que esperaba había atravesado Madrid y el coche se paraba delante de su portal. Agradeció que el hombre no se hubiera empeñado en mantener una conversación. No tenía ganas. Solo quería quitarse sus zapatos y olvidarse de todo.

La tormenta había ido aumentando desde que había cogido el taxi. Corrió hasta el portal. Lo abrió y se sacudió levemente. Estaba helada. Vio que tenía el buzón lleno. Cogió todo lo que había sin mirar y subió a su casa. Tiró el correo encima de la mesa y se dirigió directa a la ducha. El agua caliente sobre su cuerpo la relajó y le hizo olvidarse de todo. Enfundada en su albornoz se dirigió a la cocina. Pilló una cerveza del frigorífico y volvió al salón. Una de las mejores cosas de vivir sola era poder andar el albornoz o en ropa interior por la casa. Algo bueno tenía que tener esa maldita soledad.

…. CONTINUARÁ el 2 de Julio 😉

 

2 comentarios en “Miradas perdidas: comienzo”

  1. Unas ganas enormes de tenerlo entre las manos.
    La intriga, los detectives, las historias de amor enrevesadas.. reconozco que me encantan, y en Miradas perdidas tengo de todo!

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