Secretos de hielo. Prólogo

Ya está publicada mi quinta novela: Secretos de hielo, con la que me presento al premio literario de Amazon. Estoy muy  ilusionada. El otro día pudisteis ver la portada y la sinopsis, ahora os dejo cómo comienza. Espero que os anime a seguir leyendo la historia 🙂

bios, sed felices

No podía parar de llorar. Intentaba secarse las lágrimas mientras conducía. El corazón jugaba con ella. De golpe parecía que se le iba a salir del pecho y, de pronto, sentía que se paraba, que dejaba de latir. Y le faltaba hasta el aire.

Conducía sin saber a dónde. O, al menos, no era consciente de hacia dónde. Hasta que se encontró aparcada justo delante del portal. Se quedó mirándolo fijamente. Esperando que su conciencia hiciera acto de presencia. Luego, al darse cuenta de que no había ningún Pepito Grillo diciéndole que parará, salió del coche y fue hasta el portal.

El portero la saludó con una sonrisa. Y no se lo pensó. Subió en el ascensor hasta el último piso y fue directa hacia su puerta.

Le abrió con cara de sueño. Con el pelo enmarañado y llevando únicamente el pantalón del pijama. Su pecho y sus brazos al descubierto. Demasiado de su piel delante de su vista.

—Preciosa, ¿qué haces aquí?

Parecía realmente sorprendido de verla. Y ella no supo qué decir. No le salían las palabras. Tampoco quería hablar. No quería pensar. Por una vez en su vida lo que quería era dejarse llevar.

Se lanzó hacia él. Se refugió en sus brazos y buscó con ansiedad su boca. Se apretó contra él. Y él reaccionó como ella necesitaba. La rodeó con su brazo. La introdujo en la casa. Cerró la puerta que daba a la calle y la apoyó contra ella, devorándole la boca.

Durante unos instantes todo desapareció. Todos los horribles sucesos de las horas anteriores se evaporaron, se diluyeron… Y una pasión hasta ese momento desconocida tomó el mando de su cuerpo. Él la acariciaba por completo. Sus besos eran intensos. Y se apretaba contra ella, presionándola, no dejando ni un solo rincón de su cuerpo sin contacto. ¿En serio se había perdido todo esto hasta ahora?

Y, de pronto, él la detuvo. Se separó levemente de ella y la miró fijamente a los ojos.

—¿Qué ha pasado?

—Nada. Bésame.

Lo agarró por el cabello y se abalanzó sobre él. Sabía que antes o después tendría que asumir todo lo que había pasado, pero no quería que fuera en ese momento. No. Si hubiera querido hablar habría ido a otro sitio. Un sentimiento de culpabilidad la invadió unos instantes. Luego se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo deseando hacer eso. Ya era hora.

Para su frustración, él no parecía tan convencido.

—Preciosa, ¿qué ha pasado? Me encanta que aparezcas así en mi casa, pero…

Se echó para atrás dudando. ¿Y si se había confundido? ¿Y si todo había estado únicamente en su mente?

—Creía que era lo que deseabas.

Se dio la vuelta, dispuesta a abrir la puerta para volverse por donde había llegado. Muerta de vergüenza, llamándose internamente de todo. Él la detuvo y volvió a darle la vuelta.

—Te deseo desde la primera vez que te vi. Y lo sabes.

—Pues, entonces, aprovéchate.

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