No más violencia de género

Lo sé. Sé que hubo una generación que creyó que podría cambiar las cosas, que podía educar mujeres fuertes e independientes, mujeres que lucharían contra el machismo… Mis padres me educaron para ser libre, para ser independiente, para creer en mi y en mis posibilidades… Sin embargo veo la noticia que aparece hoy en el 20 minutos sobre la igualdad entre hombres y mujeres (léela aquí) y ya sólo los titulares son, quedándome corta, desalentadores… Os los pongo aquí:

  • La brecha en la igualdad entre hombres y mujeres, en un 59%, es la mayor desde 2008
  • Las proyecciones apuntaban a que la brecha podría cerrarse en 118 (2133); sin embargo, este progreso se ha invertido y el periodo se amplía a 170 (2186).

Según este informe, las mujeres ganan, de media, poco más de la mitad de los hombres, a pesar de que en general trabajan más horas. Además, informar, también de un estancamiento en el mercado de trabajo, una media del 54% de mujeres en todo el mundo frente a un 81% de hombres… Y diréis… Bueno, es que aquí cuentan también los países de América del Sur y África, ¿no? es cierto… Vamos a ver el top 10 de los países en el ranking de igualdad de género…

Sí. Habéis leído bien. Ruanda, Filipinas, Nicaragua… están en ese top 10 mientras España, por si os pica la curiosidad está el 29 (EEUU es el número 45 e Italia el 50… Sin comentarios).

Miro a mis dos hijas pequeñas, dos niñas felices,  a las que intento educar de la mejor manera posible, expresándoles lo orgullosa que estoy de ellas, dándoles todo mi cariño y amor, intentando que se sientan seguras con ellas mismas… Y dándoles la mejor educación posible… Y me da mucho miedo. Muchísimo. Pero ya no sólo porque sé que mis hijas tendrán más dificultades a la hora de encontrar un trabajo, que un hombre; sé que mis pequeñas ganarán menos, trabajarán más y tendrán que esforzarse más para llegar alto… Y que si llegan a un puesto importante, siempre habrá alguien que haga comentarios poco agradables sobre cómo lo han conseguido…

El otro día me preguntaron sobre la diferencia de la violencia machista y los casos de violencia de un hombre homosexual hacia otro o de mujeres hacia su marido… Claro que existen y claro que hay que perseguirlos y condenarlos e intentar que nunca vuelvan a suceder… Pero, por fortuna, esos no son problemas sociales. Entendedme, no digo que no sean importantes. Claro que no. Son muy importantes. Pero la violencia de género va mucho más allá. Va en los datos que os comentado antes. Va en los datos con los que nos despertamos el otro día (aquí) de que en España se produce una violación cada ocho horas… Es decir, 3 violaciones cada día. Y hablamos solo de violaciones (agresiones sexuales con penetración)… Imaginad cuantas agresiones que no llegan a la penetración puede haber… O cuántas mujeres son insultadas por la calle… A cuántas mujeres las ha seguido un capullo (lo siento, es la palabra más fina que puedo decirle) por la calle ya sea en silencio o diciendo burradas… Y eso de manos de desconocidos…

Las cifras dicen que 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia física y/o sexual en algún momento de sus vidas, la mayoría de ellas, por parte de sus parejas. Es más… Un tercio de las mujeres que han tenido pareja, refieren haber sufrido algún tipo de violencia en esa relación.

Se estima que en prácticamente la mitad de los casos de mujeres asesinadas en 2012, el autor de la agresión fue un familiar o un compañero sentimental, frente a menos del 6 por ciento de hombres asesinados ese mismo año (¿Veis de lo que hablaba de las diferencias?).

No os voy a hablar de datos a nivel mundial, no os voy a contar qué más de 700 millones de niñas han sido forzadas a casarse siendo menores de edad, ni que unos 120 millones de niñas han sido forzadas por sus maridos, compañeros o novios… Ni que se estima que 200 millones de niñas han sufrido ablación, la mayoría antes de los 5 años…

No. Os voy a hablar de los jóvenes (entre 15 y 29 años). De ese 33% de chavales que considera inevitable, normal y aceptable controlar los horarios de su pareja, impedir que su pareja vea a sus familiares y amigos o decirle lo que pueden o no pueden hacer… Os voy a hablar de que un 40% de los jóvenes entre 15 a 29 años tienden a exculpar al agresor de un maltrato al considerar que estos “suelen tener una enfermedad mental”.

No. Vamos a hablar de un caso que nos ha escandalizado a todos… Bueno, que nos ha escandalizado a todos ahora… ¿Por qué digo esto? Pues porque durante días una veintena de hombres se rieron, jalearon y animaron a cuatro “animales” que habían drogado y abusado de una chica… Y no. Ninguno de esas 20 personas fue a denunciar. No. Esas personas callaron y rieron… Meses después, esas cuatro personas participaron en una violación colectiva en Pamplona.

¿No? ¿Preferís que hablemos de ese 50,4% de mujeres trabajadoras  que sufren comentarios sobre su cuerpo, vestimentas, chistes sexuales…? ¿O eso no es preocupante, eso es normal? Vale, pues el 18,3% de las mujeres trabajadoras sufren acoso sexual en su puesto laboral…

No os preocupéis. Paro aquí, por ahora. Ahora me toca no quedarme en estos datos, me toca no quedarme solamente en escandalizarme con ellos… Me toca hacer algo más… Algo más que escribir sobre la violencia de género (¿Aún alguien más se pregunta por qué consideraba importante contar la historia de Antía en Sueño de Cristal?)… Empezaré educando a mis hijas para que sean fuertes e independientes, que crean en el amor… Pero en un amor respetuoso, en un amor que no sea opresivo y controlador… Educarles para que luchen por sus derechos… Y luchar yo para que cuando les toque a ellas, el camino les sea aún más fácil… Pero necesito vuestra ayuda… Luchemos juntos.

Aprendiendo de los grandes: Darío Fo.

Hoy tenía pensado escribir otra entrada, una en la que os hablara un poco más de mi experiencia en la autopublicación y comentaros que ya tengo fecha para la presentación en Madrid de Sueño de Cristal (click aquí). Pero la actualidad nos deja una noticia triste como es la muerte de Darío Fo. Darío Fo es un personaje al que yo tengo especial cariño por un motivo muy especial. Hace unos años colaboraba en un grupo de teatro (yo, no él ;P ) que dirigía mi hermana e hicimos una especie de Cabaret mezclando textos de Neruda, de Darío Fo y míos… Para mí era todo un honor y no voy a negaros que quedó realmente espectacular.

El texto elegido de Darío Fo fue “todas tenemos la misma historia” y aquí os pongo un trozo del que usamos… Realmente espectacular. Sentaros y disfrutad.  

(En el centro del escenario vacio, una tarima sobre la que está tumbada una mujer. Luz baja. Habla la mujer.) No, no, por favor..,, por favor, estáte quieto…, así no me dejas ni respirar… Espera… Claro que me gusta hacer el amor, pero con un poco más de…, ¿cómo diría yo?… ¡Que me estás aplastando! Quítate…, ¡basta! Me estás mojando la cara… ¡No, en la oreja no! Sí que me gusta, pero es que pareces una Moulinex, con esa lengua… Oye, ¿pero cuántas manos tienes? Déjame respirar… ¡Que te levantes te digo! (Se incorpora lentamente, como quitándose de encima el peso del cuerpo del hombre. Se sienta frente al público.) ¡Por fin! Estoy empapada en sudor. ¿Para ti esto es hacer el amor? Sí, claro que me gusta, pero preferiría que hubiera algo más de sentimiento… ¡No estoy hablando de sentimentalismo! Cómo no, ya sabía que me saldrías con lo de que soy una cursi romántica y antigua… Claro que me apetece hacer el amor, pero a ver si entiendes que no soy una de esas maquinitas que les metes unos duros y se les encienden las luces, tun tun trin toc toc… ¡drin! Mira, yo, si no se me trata bien, me bloqueo, ¿comprendes? ¿Seta posible que si una no se coloca de inmediato en una postura cómoda, falda y bragas fuera, piernas abiertas y bien estiradas, se vuelve una estúpida acomplejada, con los traumas del honor y del pudor, inculcados por una educación reaccionaria-imperialista-capitalista-masónica-católica-conformista y austrohúngara? ¿Que soy pedante? Y una tía pedante os pone muy nerviosos, ¿verdad? Es mejor la mema de risita erótica… 1 (Ríe por lo bajo, en plan erótico-tirado.) ¡Venga, hombre, no te cabrees! No, no estoy ofendida. Está bien, hagamos el amor… (Vuelve a tumbarse de perfil al público.) Y pensar que cuando quieres sabes ser tan dulce…, ¡casi humano! ¡Y un auténtico compañero! (Lánguida, con voz soñadora.) Contigo puedo hablar de cosas que normalmente no sé ni decir… Cosas incluso inteligentes…, eso es, ¡tú consigues que me sienta inteligente! Contigo me realizo… Y además, tú no vienes conmigo sólo porque te gusta cómo hago el amor…, y además, después te quedas conmigo, y yo hablo, y tú me escuchas… (más y más lánguida) …y yo te escucho.., hablas, hablas, y yo… (Se comprende que está a punto de tener un orgasmo por el tono de voz.) …y yo… (Cambia de tono: de pronto, realista y aterrada.) Por favor, para… ¡que me quedo embarazada! (Implorante.) …para un momento… (Perentoria.) ¡¡¡QUIETO!!! (El hombre por fin se ha parado.) Tengo que decirte algo importante. No me he tomado la píldora… No, es que ya no la tomo, porque me sienta mal, se me ponen unas tetas como la cúpula de San Pedro… Está bien, sigamos, pero por favor ten cuidado… No olvides lo que ocurrió aquella vez…, ¡cómo lo pasé de mal! (Cambia de tono.) Sí, ya sé que tú también lo pasaste fatal, pero yo más, si no te importa. Sigamos, pero tú ten cuidado… (Vuelven a hacer el amor. Se queda unos segundos inmóvil, en silencio con los ojos abiertos, luego empieza a mover nerviosa un pie en el suelo. Mira a su compañero imaginario y le susurra con voz llena de aprensión.) ¡Ten cuidado! (Con otro tono.) ¡¡¡Que tengas cuidado!!! (Molesta.) ¡Que no, que no puedo! Esto del embarazo me ha helado la sangre en las venas… ¿El diafragma? Sí, lo uso, pero tú no me habías dicho que hoy…, además, esa goma en la tripa no me gusta nada, me da mucha grima…, me parece como si tuviera chicle en el vientre. 2 (El hombre se separa. Ella se sienta, dolida, frente al público.) ¿Te has cortado? ¡Pues lo siento mucho! Tiene gracia, yo no quiero quedarme embarazada y él se corta. (Con rabia.) ¿Y tú eres un compañero? ¡Por favor! ¿Sabes qué clase de compañero eres? Un compañero de la polla. Oh, yes. Porque razonas con ella. Ella es tu compañero. Es ella la que sigue siendo católicaimperialista-plutócrata-masónica-reprirnida. Mírala bien, y verás como lleva en la cabeza el birrete de cardenal. ¡Con grados de general y un hermoso lazo fascista! ¡Sí, señor, fascista! (Indignada.) ¡Grosero! (Está a punto de llorar.) No has debido decirme eso… (Llora.) Mira que decirme que pienso con el útero… Claro que lloro, porque me has ofendido… (Se echa, como si el hombre la hubiese empujado con fuerza.) ¿Pero esto qué es, yo lloro y tú te excitas? Sí…, sí… (Llena de amor.) Yo también .te quiero. Ya sé que tú no tienes la culpa… La culpa es de la sociedad, del egoísmo, de la explotación, del imperialismo… (cada vez más lánguida) …de las multinacionales… (Cambia de tono.) Pero… ¡qué haces! ¡¡¡Para…, para!!! (Se deja caer como sin vida, sin tono, con voz plana.) No te has parado. (Desesperada.) ¡Estoy embarazada! (Aparta al hombre.) Estoy embarazada… (Gritando.) ¡¡¡Estoy embarazada!!! (Cambio de luz: de muy apagada a violenta. La mujer se sienta en el borde opuesto al del hombre antes. Ahora se encuentra en una consulta médica. Habla con una comadrona.) Si, señora, estoy embarazada… de casi tres meses…, sí, señora, ya me he hecho los análisis… Sí, señora, ya me tumbo… (Lo hace.) Por favor, tenga cuidado. Sí, ya sé que no duele, que sólo es una visita de exploración, pero es que estoy un poco nerviosa…, ya sabe, aquí no estamos muy preparadas… Pues sí, ya he tenido un aborto, hace tiempo. Sin anestesia, ni parcial ni total, despierta…, fue horrible. ¡Qué dolor! Pero lo peor de todo fue cómo me trataban…, 3 ¡como a una puta! Y ni siquiera podía gritar de dolor. «Calla —me decían—, ¡has pecado, ahora paga!» (Cambia de tono.) Y vaya si pagué… (Indica con los dedos que también con dinero.) Ahora este aborto (se sienta) quiero hacerlo como es debido. No quiero sufrir, anestesia total. ¡Quiero dormir! No quiero sentir lo más mínimo…, no quiero saber nada…, ni siquiera el día en que me lo harán… Ustedes me duermen una semana antes, y luego con calma, cuando les venga bien… (Cambia de tono.) ¿Un millón? ¿Un millón de liras? Han subido los precios, ¿no? Sí, ya me doy cuenta, el anestesista, el riesgo… (Cambia de tono.) ¿Un millón? ¡Ya sé, señora, que está la Ley! Por eso vengo. Ni le cuento las vueltas que he tenido que dar para encontrar a un médico que me hiciera el certificado de aborto, un hospital que me metiera en la lista… Por fin me mandan llamar, entro: ¡todos ellos objetaban! Tan sólo un médico practicaba abortos, y estaba agotado, el pobre…, todos los demás objetaban… Objetaban las enfermeras, los analistas, el cocinero…, ¡ése el que más! Que de no ser por las mujeres que habían ocupado la planta, nos hubiéramos muerto de hambre… Luego vino la policía, agarró a las chicas, las sacó de allí… Yo me asusté, y me dije: «Con esta Ley, mi hijo acabará naciendo con veinticuatro años y el servicio militar cumplido, ya en la lista de parados, y preparado para emigrar a Alemania! Me lo voy a hacer clandestino…» (Cambia de tono.) ¡Un millón! ¿Ahora comprendo por qué los ginecó- logos objetan…, ni que fueran tontos! A millón por objeción… ¡y se hacen millonarios con nuestra piel! (Se levanta, decidida.) No, señora, he pensado que no me lo voy a hacer. No, no es por el dinero, que me lo podrían prestar… Es que no pienso aceptar el chantaje. Hay una Ley, ¡pues respétenla ustedes! (Cambia de tono: reflexiva.) Me lo quedo…, me lo quedo… (En parte para sus adentros y en parte para la comadrona.) Al fin y al cabo, un hijo nunca viene mal. (Decidida, por fin.) Me realizo…, ¡eso es, me realizo! (Grita.) ¡Me realizo! 4 (Se sube a la tarima, de espaldas al público.) ¡¡¡Maternidad, maternidad!!! Tercer mes, cuarto mes, quinto mes. (Se vuelve al público.) El pecho crece, el vientre crece… ¡Adelante con los ejercicios de gimnasia preparatoria para una buena gestación! ¡Un, dos, tres, cuatro! Respiración de perro (la hace), aha, aha, aha…, más fuerte. (Respira más de prisa.) Me mareo… (Se desmaya unos segundos.) Qué náuseas, Dios mío… ¡Oohh, se mueve! (Se sienta cara al público.) ¡El niño se mueve! Es como… un aleteo. (Extasiada.) Qué cosa tan dulce… (Cambia de tono.) Un helado…, quiero un helado… ¡con espaguettis y chorizo! (Tono profesional de una comadrona que le habla.) Grito agudo con el abdomen: aah. Más profundo: aah. (Se queda quieta. Lentamente se tumba en el centro de la tarima. Con la cabeza vuelta hacia el público.) Ya está, ya estamos… Sí, señora, me echo… Sí, señora, estoy tranquila… Sí, señora, respiración de perro…, ah, ah… Sí, ya empujo…, ay Dios, qué mala estoy…, ay, ay… (Grita de dolor.) No puedo más, hagan algo…, ay, ay… ¿Dónde está él? ¿Fuera? ¿Y qué hace? (Cambia de tono.) ¡Fuma, porque está nervioso! (Se sienta, volviéndose hacia el público.) Pobre, está nervioso…, está tenso. ¿Y no podía haber estado un poco más tenso antes, cuando me dejó embarazada? (Se dirige directamente a las mujeres entre el público.) No sé qué pensaréis vosotras, pero a mí eso del embarazo de la mujer «siempre», y del hombre «nunca», me sienta fatal. ¡No puedo con ello, lo contesto! Lo tengo clavado en la cabeza: hasta sueño con ello por las noches. He soñado que mi hombre tenía tetas, unas tetas hermosas, grandes, redondas. Yo quería palpárselas un poco, y él: «¡Déjame!», y me explicó que era un hembro, un hombre-hembro, que es una raza especial de hombres…, que si tienen relaciones sexuales con una mujer sin haber tomado anticonceptivos, se quedan embarazados. 5 (Se vuelve a la derecha como dirigiéndose a su compañero. Mima que le toca el pecho.) ¡Pot, pot! Qué guapo eres…, anda, échate… (Se tumba como si estuviera encima del hombre.) Anda, desnúdate que tengo que hablar contigo. ¿Qué te ocurre? Estás nervioso, tenso… ¿Has tomado la pildora? ¿No? ¡No importa! Yo te quiero igual, cielo. Pero no te preocupes, que ya tendré yo cuidado…, no importa que no te hayas tomado la píldora. Si te quedas embarazado, yo te organizo el aborto, clandestino, pero con anestesia total, y corro con todos los gastos. (Apremiante.) Anda, vamos a hacer el amor, venga, no importa si te quedas preñado: ¡el hombre se realiza sólo si es madre! (Grita.) ¡Madre! ¡Madreee! (Cambia de postura y se tumba.) ¡Ha nacido! ¡Ha nacido! (Se sienta mirando hacia la izquierda. Esperanzada.) ¿Es niño? (Decepcionada.) ¿No?… (Aterrada.) ¿Pues qué es? (Mima lo que va diciendo. Ahora es la comadrona.) Plaf plaf, azotitos al niño. ¡Llora! ¡Ua ua! Corte del cordón umbilical: ¡chas! ¡Nudo! ¡Inmersión en agua calentita: plaf plaf…! Fría: ¡plaf plaf! Pesar: cuatro kilos escasos.

Basta ya

Otro viejo escrito que ojalá estuviera desfasado… Pero, por desgracia, no es así.

BASTA YA (14/11/2015)

En días como hoy no puedo evitar echar la vista atrás. Recordar ese maldito jueves que cambió la vida de tanta gente, que la destrozó. En uno de esos trenes que rompieron el corazón de Madrid iba, entre cientos de personas, una chica. Dulce, hermosa, inteligente… Buena. Una chica que, seguramente, conociéndola, iba leyendo alguno de los libros que siempre llevaba en la mochila. Ese día había huelga de profesores en la Universidad y varios de nuestros docentes habían dicho que iban a hacerla… Ella se había despertado a la misma hora de siempre y había quedado en el centro de Madrid para desayunar e ir a hacer unas compras. Al día siguiente se iba a ir de viaje con su chico, Iñaki. Un chaval de eterna sonrisa. Lo que ella no sabía es que días antes Iñaki y yo nos habíamos ido también de compras… En ese viaje él le iba a proponer matrimonio. Llevaban toda la vida juntos y estaban a punto de terminar la carrera. Un cuento de hadas. Un cuento de hadas que se rompió con esas explosiones. No sobrevivió. Aún lloro al recordarlo. Lloro por ella y por todos los que murieron. Por todos los heridos. Por todos los familiares. Por todos los que vieron sus vidas rotas en ese maldito 11M…
Por eso cuando se repiten cosas como las de esta noche… El corazón se me encoge. El alma se me rompe…
Y cuando leo a demagogos diciendo que en África pasa todos los días… Lo primero que pienso es que los que dicen esas cosas tienen la suerte de no haber perdido a nadie en un atentado, que nunca han sentido el pavor de haber sido atacados, que nunca vivieron en una ciudad muda por el horror… Y lo segundo que pienso… Es que esa gente debe estar siempre muy concienciada. Que han debido viajar al África subsahariana para ser voluntarios allí, deben colaborar con las ONGs que trabajan allí… Deben leer todos los días las noticias que vienen de allí, supongo que todos seguirán la cuenta, por ejemplo, de @mundo_negro o @xavieraldekoa
No acuséis a la gente de ser demagoga por sufrir por el vecino, cuando utilizáis la misma demagogia… Es muy fácil serlo. Yo también lo soy. Todos. Lo difícil es luchar por un mundo mejor. Dejar atrás la demagogia y pararnos y pensar cómo acabar con tantas muertes, con tanto horror.

Olores que deseas olvidar

Escribí este texto hace ya unos años… Pero para mi es fundamental que me acompañe siempre… Creo que comprenderéis el motivo.

Hay lugares que tienen un olor que se mete dentro, que se te clava en el alma para siempre. A veces son olores positivos. El olor a tierra mojada me recuerda siempre, sin poder evitarlo, a Baños de Molgas (el pueblo de mi madre); el olor de tu cuerpo que de repente me aborda cuando no estás a mi lado y me hace revivir todos los momentos juntos; el olor a fruta recién recogida que me traslada a debajo de una mangueira (el árbol que da mangos, que nunca he sabido como se dice en castellano 😛 )… Pero hay olores que hieren en el alma…

Cuando tenía 17 años fui de intercambio a Polonia. A una ciudad preciosa, un rincón medieval, una ciudad de cuento de hadas que me conquistó desde el primer día. A 60 Km. de este maravilloso lugar se encuentra el recuerdo de uno de los puntos negros de la historia de esta vieja Europa, tan mía, tan nuestra… Un punto negro con olor a tristeza, a desesperación, a odio, a vergüenza… El aire de Auschwitz enfría la sangre y pone la piel de gallina. Se calcula, aunque nunca se sabrá con certeza que más de 1,3 millones de personas murieron entre esas verjas. No sólo murieron judíos (aunque es cierto que la mayoría sí lo eran), también fueron asesinados homosexuales, gitanos, presos de guerra, “elementos antisociales”.

Recuerdo que íbamos en el autobús camino al primero de los campos de concentración que forman Auschwitz, hablando, riendo, comentando la jornada anterior… Y bajas del autobús y casi lo primero que ves es la puerta, sobre la cual los nazis pusieron una frase “Arbeit macht frei”, el trabajo os hará libres. El trabajo os hará libres… Los presos salían cada mañana a trabajar (con música de marcha tocada por una orquesta, no haré comentarios), la mayoría de las veces ni les daban de comer, hacían sus necesidades en “baños públicos”, sin paredes, sin higiene (cuyo propósito era de no sólo que cayeran enfermos sino de quitarles la poca dignidad que les quedaba) y luego volvían por la noche. Algunos, los afortunados, dormían en camas, apelotonados; los menos dormían en zulos enanos, de pie, sin poder sentarse ni mucho menos tumbarse. Como anécdota, decir que Witz (terminación de Auschwitz), en alemán, significa broma. Una horrible broma. 

Es tremendo. La gente que llegaba a Auschwitz pensaba que les iban a dar tierras y casas… A la gente que llevaban a las cámaras de gas les decían que iban a la ducha y se pegaban por ponerse debajo de los agujeros por los que supuestamente iba a salir agua para poder limpiarse de toda la mugre que tenían en el cuerpo. Me recuerdo en esas cámaras de gas, con el corazón en un puño, con los ojos rojos de no poder llorar, sin poder evitar imaginarme el horror y el miedo y la desesperación que debía apoderarse de ellos al descubrir que no era agua lo que salía de esos agujeros… Luego había unos pocos “elegidos” que eran los encargados de trasladar los cuerpos de sus compañeros de la cámara de gas, al crematorio… Un doble castigo. 

Supongo que para muchos sí les hacía libres… Porque con su muerte se liberaban de esas torturas, de ese dolor, de ese miedo y angustia… Porque al menos, para los muertos esa horrible pesadilla había terminado. 

Álvaro Gil Robles, ex comisario europeo de Derechos Humanos, dijo, con un gran acierto, que la experiencia vivida en Auschwitz no sólo produjo en todos los que sobrevivieron una destrucción física, sino también moral.

Lo que es tremendo es que el pueblo judío (y lo siento por generalizar en este momento, pero podríamos incluso ampliarlo porque los que no estamos implicados directamente, lo estamos por consentirlo) acabe cometiendo la misma atrocidad. Como dijo Saramago, los judíos que murieron abrasados en las cámaras de gas quizás se avergonzarían al ver como se están comportando sus descendientes. Quizás, como dijo, no hay cámara de gas pero aislar a las personas, no dejarles moverse, no permitir el acceso a los cascos azules (y que nosotros sigamos sentados en el sofá)… Es verdad, quizás estoy siendo demagoga, quizás me dejo llevar por la publicidad pro-palestina, pero es mejor que ser cómplice de ese crimen contra la humanidad. Otro más en la lista. 

En el autobús, cuando íbamos no parábamos de hablar. A la vuelta, durante esos 60 Km. que nos separaban de Cracovia, nadie hablo. No tenías fuerzas para eso. Ni fuerzas ni sabíamos qué podíamos decir. El silencio hablaba por si solo.

Siempre

Hay textos que me hubiera gustado no tener que escribir… Pero para mí es fundamental que esté conmigo en cada paso que dé. Como lo estuvo él. Aún te echo de menos cada día que pasa, aún no me lo creo.

Este texto apareció por primera vez en mi blog anterior el 11/01/2016

 

SIEMPRE

Hay tristezas que invaden el alma hasta romperla en mil pedazos… Hay tristezas que no te dejan ni hablar… Que te inundan y te arrasan…

Aún no me lo creo, aún sigo creyendo que me voy a despertar de esta pesadilla y estarás ahí, echándome la bronca por hacer caso al GPS, que estarás cogiendo a Sara en brazos y jugando con ella, que estaremos viendo un partido del Madrid, despotricando de cómo juegan…

Los que me conocéis lo sabéis… Soy una niña de papá. Lo he sido siempre y siempre lo seré. Los que me conocéis sabéis que siempre me he sentido afortunada de tener a dos personas que eran como mis padres, mis segundos padres, cuyos hijos eran (y son) mis hermanos… Los que no me conocéis… Si os digo que soy una niña de papá y que a mi tío Gregorio le quería como a un segundo padre… Comprenderéis mi corazón roto.

Él era de esas personas que crees eternas. Que no concibes que un día no vaya a estar. Que son tan parte de ti que te cuesta hasta respirar sin ellos.

Era un hombre que se cuidaba, que hacía deporte, que se tomaba en serio la salud… Y de pronto… En dos días… Se fue. Con 61 años. Con tanta vida por delante. La vida no es justa. La vida es una mierda.

Tío… Te vas. Te acompañan tres rosas. Oliver, Sara y Lucía. Nosotros nos encargaremos de que te conozcan, que sepan lo mucho que les quisiste y nunca, nunca, te olvidaremos… Porque hay personas que nunca se pueden olvidar.

Te quiero.