Miedo

Texto que apareció inicialmente en el blog Krakens y sirenas. Espero que os guste. 

Yo creía saber lo que era el miedo. Creía conocerlo. Miedo era lo que alguna vez sentí cuando, al volver a mi casa, sola, de noche, veía sombras que se parecían a su figura. Miedo era lo que sentí cuando, en un pueblo perdido en mitad del campo, en Mozambique, me dijeron que tenía malaria… Para mí eso era el miedo.

Miedo era el temor a que mi abuela, enferma de Alzheimer, se muriera mientras yo estaba a 7000 Km. de distancia y no poder estar al lado de mi padre en ese momento. Yo creía que eso era miedo.

Había tenido incluso miedos menores: miedo a no encontrar mi camino en la vida, no encontrar a alguien a quien querer con locura y que me quisiera de la misma manera, a no tomar buenas decisiones (o al menos, las correctas)…

Yo creía que sabía lo que era el miedo… Ingenua de mí. Supe lo que era el miedo cuando vi formarse esa rayita rosa. Y tras la emoción inicial, apareció el miedo… Conocí el miedo irracional… Miedo a perderle, miedo a que le pasara algo, miedo a no sentirle moverse… Era un miedo extraño porque, por primera vez, no era un miedo egoísta… No. Y era tan abrumador que me dejaba noches sin dormir…

Y de pronto llegó, con su pelo negro, sus ojos azules, su piel blanquita… Tan parecida a mí, tan pequeña, tan grande a la vez… Que lo llenó todo. Y supe que mi vida ya no tendría sentido sin ella. Y supe que ya siempre tendría miedo.

Miedo es lo que te despierta en mitad de la noche para comprobar que tu peque sigue respirando (así de tonto, así de real). Miedo a no ser lo suficientemente buena madre, miedo a no ser un buen ejemplo, miedo a ser demasiado indulgente o demasiado estricta… Miedo a no encontrar el equilibrio… Miedo a no poder protegerle de los golpes de la vida (aún sabiendo que tiene que caerse y aprender a levantarse… No quiero que se caiga)… Miedo a contagiarle mis miedos. Miedo a que pueda pasar un día (un solo día) sin sonreír…

Yo creía saber lo que era el miedo, hasta que llegó ella y descubrí el mayor miedo: que no sea feliz.

Londres

Artículo que publiqué originalmente en octubre del 2015. Espero que os guste. 

Es habitual, en esto tiempos que corren, que cuando alguien vuelve de un viaje, escriba en su blog un resumen de sus vacaciones. Un grito al mundo para explicar lo bien que se lo había pasado. ¿Quizás dar algo de envidia? No, eso soy yo que soy una malpensada.

Acabo de volver de Londres y he de reconocer que me ha encantado, ha sido una semana increíble. Pero la red ya está llena de artículos diciendo qué hay que ver y ensalzando las maravillas de esta magnífica ciudad. Yo no voy a hacer eso. No. Yo voy a enumerar las cosas que NO me han gustado. Así. Por llevar la contraria.

Primero: Estamos demasiado malacostumbrados a los hoteles en España. La relación calidad-precio de la que disfrutamos aquí se pierde en cuanto cruzamos la frontera. Yo sólo tenía un requisito; bueno, dos. Que estuviera limpio y que tuviera baño privado (no tengo yo edad para estar compartiendo baño con desconocidos y haciendo cola para la ducha). Y esos dos requisitos los cumplía. La wifi gratuita era un chiste. Al estar en la tercera planta (sin ascensor, genial el primer día con la maleta) la señal llegaba cuando le daba la real gana y de esa manera. E intenta no coincidir con otros clientes a la hora de la ducha que la presión del agua se quedaba en un hilito (o se gastaba el agua caliente). Lo dicho, conozco hostales de Madrid mejores y más baratos.

Segundo: El transporte. Lo primero el precio. Demasiado caro en comparación. Si te mueves por la zona A, bien; pero es tan pequeña que en seguida te sales y ahí llega el “hostiazo” a la Oyster (tarjeta transporte). Segundo, las líneas. ¡Qué manía con que se bifurquen! En serio, con lo fácil que es el metro de Madrid o de Barcelona… El día que llegamos había parte de la línea cerrada pero nada, ahí nadie informaba. Tuvimos que preguntar a tres personas diferentes para que nos informaran de cómo narices llegábamos a nuestra parada (una incluso nos dijo que no había forma). Por no comentar que el autobusero se confundió de camino. Me llamó muchísimo la atención que la gente esperaba al último instante para levantarse del asiento y salir en su parada, por lo que el “dejen salir antes de entrar” resulta muchas veces imposible. Y supongo que la falta de escaleras mecánicas es para compensar la grasa que se meten en los desayunos.

Tercero: El aeropuerto. Nada más llegar todo el mundo, da igual la nacionalidad que tengas, si perteneces o no a la UE, a pesar por el control de pasaportes (El DNI en nuestro caso) con las respectivas y largas colas. Estupenda manera de empezar un viaje. La vuelta… Otra maravillosa odisea llena de colas. Porque el histerismo lo domina. Soy la primera en estar a favor de los controles de seguridad pero el grado de alerta que hay ahí me parece excesivo. Y luego todos amontonados entre las tiendas a la espera de que pongan la puerta de embarque, que no se dignan en informar hasta 45 minutos antes del viaje. Todo para que compres.

Cuarto: La comida. ¿Alguien puede ir y enseñarles a hacer un buen café? Normal que estén siempre con uno en las manos, para ver si al décimo café al día les hace algo de efecto. El “fish and chips” es lo más soso que he comido en la vida y no exagero. Menos mal que Londres es la ciudad más cosmopolita que conozco y por todas partes hay puestos y restaurantes de comida de todas partes del mundo. De la cerveza caliente prefiero ni hablar.

Quinto: Nos han vendido la moto con la puntualidad británica y su educación… Es la mejor campaña de marketing que he visto. Puntualidad para cerrar, eso sí. Para empezar o abrir ya es otra historia. Y sí te puedes encontrar a gente de todo tipo… Pero comprendo porque hay tanta gente que se dedica a intentar que los parques, el metro o el propio río estén limpios. Un ejemplo: un día, a la entrada de una estación de metro estaban repartiendo latas pequeñas de coca-cola. La gente no tenía mejor sitio que dejarlas en los huecos de la escalera una vez que se la terminaban de beber. Y os aseguro que en la papelera entraban, que yo la eché ahí.

Espero no haberos echado para atrás si teníais planeado ir a Londres. Es una ciudad que merece mucho la pena pero, como todo en este mundo, tiene defectos. Estos son unos cuantos, ¿Virtudes? Esas las podéis ver en cualquier otro blog (o si tenéis dudas, podéis ver las fotos que he ido subiendo a Twitter).

Estos son las cinco cosas que no me han gustado de Londres; si escribiera las que sí, no acababa hoy.

Besos. Sed felices.  

De Madrid a mi block de notas: Miradores de Madrid

Viejo escrito que apareció por primera vez en mi anterior blog (sí, ese que tuvo que desaparecer junto con mi anterior página, snif snif). Espero que os guste, que lo volváis a descubrir o leer de nuevo. 

Permitirme que empiece por el más desconocido de los miradores pero para mí es uno de los más especiales por la cantidad de recuerdos que tengo ahí. Cuando era adolescente no había más que un enorme descampado pero yo solía ir a pasear, a aislarme de todo y a contemplar la ciudad que tanto amo. Ahora se está creando un gran parque “la cuña verde” donde hay varios miradores, el más especial el que pilla a la altura de la calle Marroquina (Moratalaz) y desde donde contemplamos un gran skyline de Madrid. En serio, no sabéis lo que os perdéis. (la portada de Sueño de Cristal está realizada en ese mismo sitio)

No nos vamos muy lejos. Al vecino barrio de Vallecas. Más concretamente al Parque de “El cerro del tío Pío”. Conocido popularmente por el “Parque de las tetas” (yo tardé mucho en conocer su verdadero nombre) por las colinas que lo forman. Han puesto un chiringuito y hecho un mirador pero, sinceramente, la mejor visión de Madrid se ve desde la “teta” más alta. Un atardecer ahí es un momento único y romántico.

Y… ¿Qué podemos decir de “El templo de Debod”? Visita indispensable si paseas por Madrid. Pocas ciudades pueden presumir de tener un templo egipcio en un entorno tan maravilloso. Pocos atardeceres más hermosos. Durante el fin de semana se llena de parejas dispuestas como el Sol se esconde tras la casa de campo. Creo que no hace falta decir mucho sobre sus vistas.

Si hablamos de “El mirador de Moncloa” normalmente pensamos en el Faro (bendito Faro, la de vueltas que le están dando… Al final me quedaré sin poder subir, ya lo veréis). Pero, en el mismo intercambiador hay un amplio mirador desde donde contemplar el Faro de Moncloa, el arco del triunfo y, si el tiempo lo permite, la Sierra de Madrid.

Siguiente. La Huerta de la Partida. ¿Qué es la huerta de la Partida? Os preguntaréis. Pues se encuentra en el Madrid Río, a la altura del Puente del Rey y sus orígenes son del Siglo XVI y, como habréis deducido recibe el nombre por haber sido… Sí, una huerta (Primero para los nobles, luego se utilizó para plantar plantas medicinales). Con la Guerra Civil quedó destruida. Gracias al proyecto de Madrid Río ha sido repoblado, esta vez con árboles. Y también han decidido poner un mirador. Un mirador donde podemos contemplar perfectamente, La Almudena, El Palacio Real, la Torre de Madrid y el Edificio de Plaza España.

Y, por último, el Viaducto de Segovia. Éste es conocido, sobre todo, por haber sido un lugar habitual donde, desgraciadamente, mucha gente se ha suicidado y que llevo a tener que poner una mampara de cristal. Desde su parte superior podemos contemplar la Almudena, el Palacio Real y gran parte del Madrid de los Austrias. Muy cerca de aquí podemos contemplar una hermosa vista de la Almudena y la Muralla de Madrid… Pero de eso ya hablaremos otro día.

Olores que deseas olvidar

 

Este texto salió ya en mi anterior blog (Y en uno aún más antiguo) pero es uno de mis textos favoritos y con mucho significado para mi. Espero que os guste. 

Hay lugares que tienen un olor que se mete dentro, que se te clava en el alma para siempre. A veces son olores positivos. El olor a tierra mojada me recuerda siempre, sin poder evitarlo, a Baños de Molgas (el pueblo de mi madre); el olor de tu cuerpo que de repente me aborda cuando no estás a mi lado y me hace revivir todos los momentos juntos; el olor a fruta recién recogida que me traslada a debajo de una mangueira (el árbol que da mangos, que nunca he sabido como se dice en castellano 😛 )… Pero hay olores que hieren en el alma…

Cuando tenía 17 años fui de intercambio a Polonia. A una ciudad preciosa, un rincón medieval, una ciudad de cuento de hadas que me conquistó desde el primer día. A 60 Km. de este maravilloso lugar se encuentra el recuerdo de uno de los puntos negros de la historia de esta vieja Europa, tan mía, tan nuestra… Un punto negro con olor a tristeza, a desesperación, a odio, a vergüenza… El aire de Auschwitz enfría la sangre y pone la piel de gallina. Se calcula, aunque nunca se sabrá con certeza que más de 1,3 millones de personas murieron entre esas verjas. No sólo murieron judíos (aunque es cierto que la mayoría sí lo eran), también fueron asesinados homosexuales, gitanos, presos de guerra, “elementos antisociales”.

Recuerdo que íbamos en el autobús camino al primero de los campos de concentración que forman Auschwitz, hablando, riendo, comentando la jornada anterior… Y bajas del autobús y casi lo primero que ves es la puerta, sobre la cual los nazis pusieron una frase “Arbeit macht frei”, el trabajo os hará libres. El trabajo os hará libres… Los presos salían cada mañana a trabajar (con música de marcha tocada por una orquesta, no haré comentarios), la mayoría de las veces ni les daban de comer, hacían sus necesidades en “baños públicos”, sin paredes, sin higiene (cuyo propósito era de no sólo que cayeran enfermos sino de quitarles la poca dignidad que les quedaba) y luego volvían por la noche. Algunos, los afortunados, dormían en camas, apelotonados; los menos dormían en zulos enanos, de pie, sin poder sentarse ni mucho menos tumbarse. Como anécdota, decir que Witz (terminación de Auschwitz), en alemán, significa broma. Una horrible broma. 

Es tremendo. La gente que llegaba a Auschwitz pensaba que les iban a dar tierras y casas… A la gente que llevaban a las cámaras de gas les decían que iban a la ducha y se pegaban por ponerse debajo de los agujeros por los que supuestamente iba a salir agua para poder limpiarse de toda la mugre que tenían en el cuerpo. Me recuerdo en esas cámaras de gas, con el corazón en un puño, con los ojos rojos de no poder llorar, sin poder evitar imaginarme el horror y el miedo y la desesperación que debía apoderarse de ellos al descubrir que no era agua lo que salía de esos agujeros… Luego había unos pocos “elegidos” que eran los encargados de trasladar los cuerpos de sus compañeros de la cámara de gas, al crematorio… Un doble castigo. 

Supongo que para muchos sí les hacía libres… Porque con su muerte se liberaban de esas torturas, de ese dolor, de ese miedo y angustia… Porque al menos, para los muertos esa horrible pesadilla había terminado. 

Álvaro Gil Robles, ex comisario europeo de Derechos Humanos, dijo, con un gran acierto, que la experiencia vivida en Auschwitz no sólo produjo en todos los que sobrevivieron una destrucción física, sino también moral.

Lo que es tremendo es que el pueblo judío (y lo siento por generalizar en este momento, pero podríamos incluso ampliarlo porque los que no estamos implicados directamente, lo estamos por consentirlo) acabe cometiendo la misma atrocidad. Como dijo Saramago, los judíos que murieron abrasados en las cámaras de gas quizás se avergonzarían al ver como se están comportando sus descendientes. Quizás, como dijo, no hay cámara de gas pero aislar a las personas, no dejarles moverse, no permitir el acceso a los cascos azules (y que nosotros sigamos sentados en el sofá)… Es verdad, quizás estoy siendo demagoga, quizás me dejo llevar por la publicidad pro-palestina, pero es mejor que ser cómplice de ese crimen contra la humanidad. Otro más en la lista. 

En el autobús, cuando íbamos no parábamos de hablar. A la vuelta, durante esos 60 Km. que nos separaban de Cracovia, nadie hablo. No tenías fuerzas para eso. Ni fuerzas ni sabíamos qué podíamos decir. El silencio hablaba por si solo.

Tengo ganas de ti

Tengo ganas. Ganas de ti. Ganas de tus manos en mi piel, de las mías recorriendo tu cuerpo. Tengo ganas de volver a saborear tus labios, de perderme en ti. Tengo ganas de notar tu corazón palpitando a toda velocidad, golpeando mi pecho, volviendo loco al mío… Tengo ganas de sentir tus labios recorriendo mi cuello, mordisqueándolo; de notar tu voz susurrándome al oído lo que deseas hacerme… Y volverme loca en ese pensamiento, en esa fantasía que quiero hacer realidad.

Tengo ganas. Ganas de ti, de tus brazos alrededor de mi cuerpo, de notar tu abrazo firme, sensual, apasionado… De sentir tu abrazo que pide a gritos un cuerpo que le rodee, que le ame, que le diga que está ahí, que seguirá ahí cuando el polvo acabe… Y que volverá a buscar el siguiente.

Tengo ganas. Ganas de ti. Ganas de tu mirada pervertida recorriendo mi cuerpo. Ganas de notar el deseo dominando cada poro de mi piel. Ganas de que me estampes contra la pared, que me subas a una mesa, que me tires sobre una cama, sobre un sofá… O en el mismo suelo.

Tengo ganas. Ganas de ti y de tu sabor. Ganas de sentirte dentro de mí. Ganas de sentir como te vas en mi interior. Ganas de notar como destrozas mi cuerpo en un orgasmo que me hace temblar, que me hace gemir, que me vuelve loca…

Tengo ganas de que me quites todas estas ganas. Tengo ganas de que vuelvas a crearme más ganas… Y así… Encendiendo y consumiendo este incendio que siento con solo pensar en ti y en tu cuerpo.

Tengo ganas de ti.

Mis diez libros favoritos

MIS DIEZ LIBROS FAVORITOS

Es difícil decir cuál es tu libro favorito, es como cuando te dicen a quién quieres más si a papá o mamá, cuál de tus hijos es tu favorito… Decir un sólo libro es imposible. Al menos para mi. ¿Un top 3? Complicado. ¿Lo dejamos en mis 10 favoritos? Mejor digamos los 10 que más me han marcado. Que han significado algo en mi vida, que me han cambiado y que he leido mil veces.
Así que allí vamos. Sin orden determinado.

  1.  Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. Lo reconozco. Soy más de las rimas. Y me las sé casi de memoria. Imprescindible. No puedes decir que te gusta leer si no has leido este libro. Bécquer ha marcado a todos los poetas que le han sucedido. No voy a descubriros nada nuevo de él. Es, simplemente, el mejor. No hay ningún poeta como él.

  2. Orgullo y Prejuicio de Jane Austen. El claro ejemplo de que una novela romántica puede ser compleja, intensa, profunda… Jane Austen tiene una pluma maravillosa y este libro… Si no me lo he leido 100 veces no lo he hecho ninguna. Con decir que tuve que comprarme otro ejemplar porque el primero (que me regaló mi madre en una feria del libro años atrás) estaba destrozado. Eso sí, sigue ahí, en mi libreria.

  3. El amor en los tiempos del cólera de García Márquez. Nadie como él. Máximo exponente de un movimiento literario creado por Carpentier: Realismo mágico. Ya sólo con eso…

  4. Ebano de Kapuscinski. Leí este libro, perdida en mitad de Mozambique; contemplando con mis ojos, sintiendo en mi piel, lo que estaba leyendo, lo que tenia entre mis manos. Fundamental si quieres conocer algo sobre el África subsahariana.

  5. Luces de Bohemia. Valle Inclan es increible. El “esperpento” nació en este libro. Fascinante. Profundo. Irónico. Apasionante. Leerlo es una maravilla, verla representada increible.

  6. Los engranajes. Raul Hérnandez es posiblemente el mejor dramaturgo español vivo. Es dura. Mucho. Pero tan crítica, tan directa… Unos personajes tan oscuros…

  7. El pozo de Onetti. Es un relato muy corto y sin embargo… Tan intenso. No podéis no leerlo. Os daréis cuenta de como la misma escena dependiendo quién lo cuente… Es completamente diferente.

  8. Ensayo sobre la ceguera. Saramago. Reconozco que me tiraba para atrás leer este libro. Se puso muy de moda muy rápido y tengo tendencia a odiar ese tipo de modas.. Pero me alegro de haberlo cogido, haberlo leido… Es una profunda reflexión del comportamiento del ser humano.

  9. El perfume de Süskind. O como un libro puede estimular el resto de tus sentidos.

  10. La casa de Bernarda Alba, de Lorca. ¿Hace falta decir por qué? Nunca me cansaré ni de leerla ni de verla representada.

Sé que he dicho que sólo iba a poner 10. Pero, ¿Cómo no iba a meter a Neruda (aunque sólo sea por su poema numero 15 y su canción desesperada) y a Blas de Otero (y su pido la paz y la palabra)? Y en un apartado aparte, unos libros que acompañaron mi infancia (Los cinco de Enid Blinton, cuya colección guardo entera) y mi adolescencia (Mujercitas de Louisa May Alcott).

¿Cuáles son los vuestros?

Siempre

Hay textos que me hubiera gustado no tener que escribir… Pero para mí es fundamental que esté conmigo en cada paso que dé. Como lo estuvo él. Aún te echo de menos cada día que pasa, aún no me lo creo.

Este texto apareció por primera vez en mi blog anterior el 11/01/2016

 

SIEMPRE

Hay tristezas que invaden el alma hasta romperla en mil pedazos… Hay tristezas que no te dejan ni hablar… Que te inundan y te arrasan…

Aún no me lo creo, aún sigo creyendo que me voy a despertar de esta pesadilla y estarás ahí, echándome la bronca por hacer caso al GPS, que estarás cogiendo a Sara en brazos y jugando con ella, que estaremos viendo un partido del Madrid, despotricando de cómo juegan…

Los que me conocéis lo sabéis… Soy una niña de papá. Lo he sido siempre y siempre lo seré. Los que me conocéis sabéis que siempre me he sentido afortunada de tener a dos personas que eran como mis padres, mis segundos padres, cuyos hijos eran (y son) mis hermanos… Los que no me conocéis… Si os digo que soy una niña de papá y que a mi tío Gregorio le quería como a un segundo padre… Comprenderéis mi corazón roto.

Él era de esas personas que crees eternas. Que no concibes que un día no vaya a estar. Que son tan parte de ti que te cuesta hasta respirar sin ellos.

Era un hombre que se cuidaba, que hacía deporte, que se tomaba en serio la salud… Y de pronto… En dos días… Se fue. Con 61 años. Con tanta vida por delante. La vida no es justa. La vida es una mierda.

Tío… Te vas. Te acompañan tres rosas. Oliver, Sara y Lucía. Nosotros nos encargaremos de que te conozcan, que sepan lo mucho que les quisiste y nunca, nunca, te olvidaremos… Porque hay personas que nunca se pueden olvidar.

Te quiero.