Tentaciones

 

Le vio subir las escaleras. Dudó unos instantes. Luego le siguió. No era tonta. Había aprendido hacía tiempo a distinguir cuando le gustaba a un chico. Cuando la deseaba… Y él se había pasado toda la noche tocándola con cualquier excusa… Y esa manera de mirarle… Subió las escaleras y lo primero que vio fue su cama. Al fondo de la habitación. Suspiro. Él había desaparecido por una puerta. Iba a seguirle cuando le llamó la atención la luz que entraba por una de las ventanas. Se asomó. Madrid brillaba ante sus ojos… Le sintió justo detrás de ella. Pegado a su piel y cuando habló sus labios rozaron levemente su oreja.
– Es precioso, ¿Verdad?
– Sí.
Le costó hablar. Notó el corazón a mil por hora. Con sólo girarse levemente se encontraría con sus labios. Dudó. Y de pronto le pareció notar un leve roce de los labios de él en su hombro desnudo. “Gírate” se dijo a sí misma… Había algo en el olor que desprendía, algo prometedor… Pero habían conectado tan bien. Le conocía de sólo dos días y sin embargo se encontraba muy a gusto a su lado… “Gírate” se repitió. “Bésale”. Pero no lo hizo. Sólo cerró levemente los ojos aspirando el aire que les rodeaba.
Se quedaron en silencio. Pero no era un silencio incomodo. Sólo… Silencio. Leve. Palpitante. La mano izquierda de él jugueteó con su vestido, a la altura de su cintura. Luego se separó de ella. Respiró hondo.
– ¿Quieres agua?
– Sí.
“Por encima” pensó. Le miró fijamente mordiéndose el labio inferior para no decirle lo que le había pasado por la cabeza. Él le devolvió la mirada. Intensa. Fija. No debía ser la única que necesitaba ese agua… Se volvieron a quedar en silencio. Sintió que se le secaba la boca…
– ¿No ibas a traer agua?
– Sí.
Él le sonrió con picardía. Luego volvió a desaparecer por la misma puerta de antes y esta vez ella le siguió. La cocina. El abrió el frigorífico y le tendió la botella. Agua. Fría. Le venía muy bien. Su mente había viajado hacia la encimera y se había formado una escena bastante clara de lo que le apetecía en esos momentos. Agua. Helada.
– ¿Te tienes que ir ya o puedo echarme un cigarro?
¿Irse ya? ¿Un cigarro? Mejor no le decía lo que se le había pasado por la cabeza. Quizás estuviera equivocada. Quizás esa tensión que sentía era sólo suya. Quizás era mejor así. Sonrió.
– Claro que puedes…
Volvieron a bajar las escaleras y él se acercó a la mesa para coger su tabaco. Ella salió al balcón. Él volvió a seguirla. Mirándola. Fijamente. Y la tensión volvió a hacerse patente. No. No era su imaginación. Alargó la mano y le cogió el cigarrillo. Era eso o cogerle de la camisa y apretarle contra ella. Su imaginación iba más rápido que ella. Pero se repitió que era él quien le había dicho varias veces que si se iba ya. Tantas señales contradictorias.
– Vamos, que te llevo.
Vale. Definitivamente era ella. Sonrió y le siguió. Tenía que relajarse. Y era fácil con él. Fueron riéndose y charlando hasta donde tenía su coche. Casi estaba olvidando ese momento de tensión en el que había estado a punto de volverse y besarle… Casi… ¿A quién querría engañar? No lo olvidaba. Sólo lo guardaba dentro. Y, de pronto, el roce de los dedos de él contra los suyos… Mmm….. No. Era su imaginación. Él le trataba como a una amiga. Y tenía que mentalizarse. “Bueno, también hay amigos que follan” Suspiró. Tenía que quitarse ese pensamiento. Sacó un tema cualquiera y rápidamente se vieron enfrascados en una divertida conversación.
Ya estaba casi relajada cuando el paró el coche delante de su puerta. Se volvió hacia él, quitándose el cinturón de seguridad. Volvía a mirarle fijamente.
– Me lo he pasado muy bien. Gracias.
– Y yo. Gracias a ti.
Se acercó a darle dos besos y, de pronto, él giró la cara y sus labios rozaron levemente los suyos. ¿Habría sido sin querer? Había sido tan suave… Tan prometedor. Le miró. Una sonrisa tentadora iluminaba su rostro. ¿Ahora? Habían tenido mil momentos a lo largo de la noche, había estado en su casa… ¿Y ahora daba el paso? Sonrió levemente. Se acercó a él, aproximando sus labios suavemente a los suyos. Y él la besó. Otra vez. Igual de dulce, igual de tentador.
– Buenas noches.
– No te vayas…
– Sí. Hablamos.
Le besó levemente y salió del coche. Con el cosquilleo de sus labios en los suyos y con sus ganas palpitando en su piel. Claro que quería más. Pero no quería un calentón rápido en el coche y no iba a subirle a su casa. Habían tenido la oportunidad en la de él y lo habían desaprovechado. Además, prefería no acostarse con él en ese momento, tras su primer beso…
Se volvió para mirarle y sonrió. Sí, definitivamente aquel beso había sido muy prometedor. Y ya tenía ganas de ver si se hacía realidad lo que esos besos prometían. Y tenía la sensación de que sería muy pronto…

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